Vectores de pasión

Relato Completo

Autor: Claudio Landete Anaya.

Orígen: Mataró, Barcelona, España.

Publicado en: Fantasmas Cibernéticos, Libro Andrómeda n.1 .

 

VECTORES  DE  PASIÓN

 

1

      El viejo carguero entró en el astillero espacial marciano de Deimos  para sufrir unas mejoras. El Eternity podía alcanzar, no sin dificultades, las velocidades orbitales y de satelización estándar, pero su obsoleto sistema impulsor necesitaba de amplias mejoras en lo que a velocidades de escape se refería.
      Por ello le estaban vedados los grandes cuerpos celestes de la Vía Láctea, como  Júpiter, Saturno, Neptuno, o las más lucrativas rutas comerciales, casi todas fuera de nuestro sistema solar y que llevaban a Andrómeda, Elemos o Tellus.

      En el astillero espacial marciano, el anticuado carguero sería remodelado y perdería definitivamente el respeto a la influencia de la gravedad; adquiriría unas velocidades de escape planetaria e interplanetaria -también denominadas segunda y tercera velocidades cósmicas-, dignas de consideración. El Eternity disfrutaría de un sistema de motores-cohete de óptimos rendimientos energéticos.

      Y también recibiría un nuevo amo. Un amo no humano: el Capitán de Navío Thargvril, un calamaro con la portentosa facultad de orientarse por las ignotas corrientes siderales, incluso sin ayuda de mapas de navegación, como todos los de su especie.
       

 

2

      Melania se sentó a horcajadas sobre su cliente. Dejó que la manoseara y fingió un placer que no sentía. Era un servicio barato, de sólo 500 créditos. Barato y rápido, a los pocos minutos quedó sola, lavándose aquella parte de su ser que ponía en venta cada noche.
     

 

3

      En la sala de máquinas, los ingenieros y técnicos de mantenimiento ajustaban los nuevos motores espaciales que efectuarían el esfuerzo propulsivo en el vacío, aumentando la cantidad de movimiento a disposición del Eternity.
      Thargvril inspeccionaba personalmente el estado de las reparaciones. Y la tripulación mostraba falsa indiferencia ante la extraña constitución y habilidades del calamaro.
      El contramaestre, Sr. Vernon contemplaba absorto cómo la piel de su capitán era más oscura por el dorso y cómo su color variaba según la luminosidad de cada pasillo, armonizando el tono de la piel según el ambiente en que estaba.
      El nuevo amo del Eternity cuidaba de no golpear su globulosa cabeza con ninguno de los salientes y tubos que serpenteaban por toda la estructura y pasillos del carguero. Para ello extendía sus dos tentáculos largos y finos hacia las paredes, mientras que sus ocho brazos o tentáculos cortos, se replegaban alrededor de su cabeza formando un improvisado anillo rígido de protección.
      Thargvril, satisfecho, abrió su boca, mostrando dos mandíbulas córneas parduscas y exclamó, con una lengua rasposa no concebida para emitir sonidos audibles en un medio no acuático:
      -Perfecto.
     
     
4

      Atrás quedaron los días de prostituta en respetables Salas de Relax. Melania había perdido su esplendor de antaño y con las primeras arrugas llegó el desinterés de los clientes más exigentes. No le quedó más remedio que entrar en un Centro de Vicio, el escalón más bajo del comercio sexual.

 

5

      Thargvril sentía envidia de las culturas jóvenes, aún vitales y en plena expansión. Los calamaro hacía eones que conquistaron la ciencia y los secretos del vuelo interplanetario; pero hoy eran una especie decadente que desaparecía, y antes de adentrarse en el olvido, enseñaban su saber a otros descendientes del cosmos. Evolutivamente, se habían estancado. Presentaban un índice cero de nacimientos naturales, debido a una extraña mutación de origen medioambiental que sufrían casi todas sus hembras en el último milenio: un gen abortivo hereditario.
      Todos los calamaro se concebían por fecundación artificial, combatiendo al gen fatal que minaba el futuro de su pueblo y que los estaba aniquilando. Por ello los calamaro perdieron la familia como célula fundamental de su sociedad, y como cuna de crecimiento emocional y de desarrollo sexual.
      Thargvril no conoció más familia que las incubadoras de crecimiento. Y cuando fue un adulto experimentó, como todos sus congéneres, un profundo sentimiento de abandono. Era curioso que dicho sentimiento no descansase sobre una situación realmente vivida, era un contenido afectivo que se desplegaba a un nivel imaginario y cuyo origen se remontaba a las primeras experiencias de la infancia. Es de suponer que una madre incubadora es lo suficientemente fría y, sobretodo, distante para mellar la seguridad afectiva y la estimación de uno mismo.
      La necesidad de una entrega sentimental era vital para el nuevo responsable del Eternity. Por ello, y ante la falta de una compañera semejante, buscaba formas compensatorias anormales de satisfacer su deseo de amar y ser amado.

 

6

      Samantha no estaba disponible para la Cabina de Éxtasis. Y un par de selenitas se habían encerrado en una, inquietos y expectantes ante la pantalla, en espera de imágenes placenteras. A los pocos segundos apareció Melania, sonriente, jugando con los pliegues de su cuerpo

 

7

      -¿Así que busca algo más que sexo? -preguntó el portero del «Sex Palace»-. No quiere sauna erótica, ni vibro-masaje, ni estimulación sensorial. ¿Qué quiere realmente?, ¿Qué busca?
      -«Intersexo» -dijo Thargvril mientras su cabeza se oscurecía por el rubor. 
      -¡«Sexo Interespecies»! ¡Será degenerado! Mis chicas venderán su cuerpo, pero nada más. ¡Largo de aquí o llamaré a los guardias de seguridad!

 

8

      El mercado de la sexualidad y el erotismo es bien curioso ante un mosaico tan variado de especies sensitivas.
      En las Salas de Relax se ofrece, principalmente, erotismo: bailes privados, estimulantes sensoriales, pero nunca una relación sexual completa, a no ser que los compañeros de cama sean de la misma especie. Nunca se ofrece una excitación sensitiva total a un miembro de otra raza universal, lo máximo que permite la normativa de sanidad es una estimulación parcial
      Por contra, a los Centros de Vicio van a parar las profesionales de la noche, cuando su carrera se desmorona, cuando aparece la enfermedad o la vejez. En las Casas de Vicio no siempre se respeta la normativa sanitaria, ni otras muchas cosas. Allí las prácticas más aberrantes son posibles, si se aceptan las posibles consecuencias.

 

9

      Hubo un tiempo en que Melania fue feliz. En una época  que ya se antojaba remota, casi olvidada por tanta vejación y corrupción. La prostituta conocía la salida al laberinto del comercio sexual. Para no alquilar más su cuerpo debería vender la esencia misma de su alma: los sentimientos.
       

 

10

      En su profesión de guía pornográfico, Nimbus Kaunas, regalaba amores prohibidos. Y algunas veces había violado  la reglamentación galáctica sobre emparejamiento interbiológico. Nimbus era un centauro -raza que tiene fama de interesada-, y sus ojos se iluminaron con avaricia ante el montón de billetes que Thargvril le ofreció por comprar algo más que sexo. 
      Centauro y calamaro juntaron sus extremidades superiores en señal de acuerdo. Nimbus le brindó su amplia experiencia en circuitos eróticos. Le aconsejó a su cliente que probara la belleza terrena porque las especies inferiores y de ciclo biológico más breve ofrecían sensaciones mucho más intensas y placenteras.
      El calamaro, que para las conversaciones largas  se veía obligado a utilizar una consola de traducción debido a la imposibilidad de articular muchos sonidos, preguntó algunas dudas sobre el coito Interespecies. 
      «¿Mister Kaunas, el emparejamiento será satisfactorio?»
      -Sí, acostumbra a serlo en un noventa y cinco por ciento de los casos -respondió el guía pornográfico.
      «¿Cómo es posible, y las diferencias anatómicas?
      -Thargvril, estamos hablando de placer, de sensaciones y estímulos. No cometa el error de confundirlo con procreación. ¿Por qué se considera siempre que los órganos genitales son los únicos órganos sexuales? La hembra le amará durante el coito, no le quepa duda. Ella pondrá en venta no sólo su cuerpo, usted también disfrutará de los favores de su esencia intangible. Ella le amará con toda la pasión que albergue en el corazón, ante la avalancha de sensaciones placenteras que usted le provocará. Y usted también la querrá a ella. No será un contacto simulado, sus gemidos serán auténticos. En el «Sexo Interespecies» se altera y potencia la plena percepción sensorial. El poder erógeno del emparejamiento interbiológico es tan intenso que, repito: la hembra le rendirá también su alma. Poseerá su cuerpo y su mente. Y será una relación muy, muy, satisfactoria. Créame, se lo digo por experiencia.

 

11

      Marko, un rasurado plutoniano metido a exuberante amo en el «Hotel del Sado», comentó que había un comprador de «Intersexo» a Samantha y a Melania. El varón lamentaba su mala fortuna, buscaban a una hembra terrena. La selección se realizaba  en el «Club Plaisir». Masajistas, prostitutas y porno-actrices se disputaban el acto.

 

12

      Cuando veían la imagen de Thargvril, las prostitutas se desanimaban. Argumentaban que se atreverían con un tritón, pese a la aspereza de su piel. También aceptarían las caricias de un sireneo, aunque su cópula acostumbra a ser dolorosa. Hasta retozarían con los desagradables e insaciables pólipos. Pero los calamaros discrepaban demasiado de la naturaleza humana.
      Temían que el «Excitol», el suero que permitía las cópulas interbiológicas, no fuera ayuda suficiente para salvar las barreras anatómicas y psicológicas que debían superarse.
      Nimbus Kaunas se desesperaba, no ya tanto por sus intereses económicos  -se consumara o no el acto, él cobraría una sustanciosa comisión en pago a sus esfuerzos de guía pornográfico-, también padecía en cierta manera por su cliente. Una raza como la de Thargvril, casi sin posibilidades de entrega amorosa, estaba en su derecho de buscar otras satisfacciones carnales.

      Una tras otra, las aspirantes se iban descartando. Hasta que llegó una mujer, Melania, en cuyos ojos la desesperación y el deseo de huir de aquella clase de vida casi era superior a la repugnancia y al temor. Nimbus le explicó el funcionamiento del suero «Excitol», el potenciador sensorial que permitía la comunión de sexos discrepantes.

      -Se inyecta a cada uno de los amantes una dosis de Fenomor-Beta-Trianalina. La cantidad de principio activo, vulgarmente conocido como «Excitol» que contendrá la disolución se calcula en  una diezmillonésima parte del peso corporal para cada amante. La Fenomor-Beta-Trianalina actúa específicamente sobre los principales sistemas reguladores de los seres sensitivos: el sistema nervioso y el sistema endocrino. Si accede a acostarse con mi cliente, el «Excitol» le provocará respuestas rápidas de bienestar en todo el organismo en cuestión de milisegundos, cortando la primera impresión de repulsa que experimentaría frente al calamaro. Mientras que los radicales Fenomor-Beta, que actuarán a una velocidad menor por el torrente sanguíneo, le provocarán respuestas hormonales más lentas pero duraderas: sentirá apetencia sexual frente a mi cliente. Quedará subyugada y caerá anhelante en sus... tentáculos. El «Excitol» alterará su percepción sensorial y emocional. 
      -Tengo miedo. Somos tan... diferentes -dijo Melania.
      -El sistema nervioso iguala a todos los hijos del cosmos. Somos mucho más diferentes por fuera que por dentro -respondió Nimbus.
      -¿Puede asegurarme que todo saldrá bien?
      -No, no puedo. A veces surgen... imprevistos.
     

 

13

      El centauro alargó uno de sus zarcillos y extendió el contrato a su cliente. Había sido muy difícil apalabrar aquella cita. Describió a Thargvril la extraordinaria belleza terrena de la hembra y el indescriptible placer físico y emocional que obtendría de ella. El calamaro, emocionado, firmó el contrato y las obligaciones de pago con su propia tinta.

 

14

      El agua de la ducha rastrillaba aquel cuerpo que había tenido tantos amos. Dueños fugaces, anhelantes, inquietos; pero que nunca escarbaron más allá de la piel. La belleza de Melania siempre fue una condena, más que una bendición. Quizá con un físico más modesto habría despertado en los hombres otros impulsos más honestos que la mera lascivia. Y quizá no habría franqueado el linde que separa el amor de la corrupción. 
      La faceta más engañosa del comercio sexual es la supuesta rapidez con la que se consigue el dinero. La prostitución oculta su verdadero rostro: si entras en su red, ya no sales nunca. Y el dinero así ganado resulta maldito, sólo sirve para enredarse más en esa trampa degradante.    
     
      Melania asió mil veces el video-teléfono con la intención de cancelar aquella cita antinatural. Si el dinero obtenido con malas artes nunca reportaba nada positivo, ¿qué no sería de los créditos cobrados por vender también sus sentimientos?. Pero un leve destello de esperanza se había aferrado a su ánimo. Si soportaba aquella experiencia, el coito intersexo le reportaría ingresos suficientes como para abandonar tan mezquino existir. ¿Cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de una vida normal? Quizá fuese demasiado tarde para recuperar la decencia perdida, pero no para envejecer con una cierta dignidad. Aunque rendirse apareciera tentador, no le daría la espalda a la esperanza.
     
      Después de asearse, se maquilló con evidente nerviosismo. Se vistió con el máximo de los cuidados y se acicaló lo más extremada que supo, pues las hembras en casi todas las especies muestran vivos colores como reclamo de los machos. Cuando se dirigió al «Club Plaisir», una oración surgía de sus labios incitantes.

 

15

      Thargvril se encaró con su amante y, para su sorpresa, no sintió atracción alguna. La hembra era agradable de mirar, con su piel tan blanca y suave, pero ningún atisbo de pasión prendió en el calamaro. El «Excitol» aún no había sido asimilado por su masivo organismo. Se quedó tenso, casi acurrucado en un extremo del lecho, y paseó sus grandes ojos por la habitación. A su lado había dispuesto un pequeño mueble con una palangana y una toalla. Ignorando su uso, volvió a prestar su atención a la mujer. Aunque no la rozó con ninguna de sus extremidades, debido a una mezcla de sentimientos: respeto por la prostituta y temor a un rechazo.

      Melania apretó sus mandíbulas. Pensó que estaba loca por haber consentido en practicar «Sexo Interespecies». Menos mal que aquella criatura no osó rozarla, pues habría salido gritando por la repulsa. Imaginó su cuerpo adherido por ventosas que la inmovilizaban y sintió deseos de vomitar.

      La cama quedó como mudo testigo del embarazoso inicio de aquel encuentro, hasta que una sensación de relax y bienestar fue adueñándose de la pareja. La tensión se fue disipando y, sin mediar palabra alguna, Melania y Thargvril se empezaron a mirar con otros ojos, con ojos de ansiedad y deseo. De repente el calamaro comprendió la utilidad de la palangana y la toalla. A su vez Melania supo a qué zonas debería ofrecer sus encantos para encandilar al macho.

 

16

     
      El primer beso fue dulce y obsceno, Y le siguieron otros. La Fenomor-Beta-Trianalina actuó más despacio de lo habitual, pero hizo posible un intercambio de percepciones, una comunión de almas. Dejó de haber dos cuerpos individuales y ocupó su lugar una única conciencia compartida. Melania nunca imaginó que el mundo fuera tan diferente a como ella pensaba. Sintió el rítmico vaivén de las corrientes siderales dentro de ella, mientras Thargvril retozaba con sus senos. El olor del lecho marino la inundó cuando su vientre le fue besado. Y cuando la fuerza de las mareas llamó a su sexo, ella sólo pudo entregar los pliegues de su cuerpo a aquella pasión irresistible y, a la vez, tierna de la naturaleza.
      Por su parte Thargvril dejó que la mujer acariciara su manto. Experimentó el curioso pulso sanguíneo de la humana en su mismo ser. Besó la piel de Melania y se extasió con el exquisito sabor salado de la sudoración. Todo en ella era breve e intenso. Comprendió y disfrutó de los oscuros laberintos de la condición humana, pues supo que ella estaba, en verdad, gozando.
      A veces, no sabían dónde acababa uno y dónde empezaba el cuerpo del otro. Sus dos sistemas nerviosos se habían entrelazado en una exótica danza de amor. El sexo casi había quedado en un segundo plano ante la entrega al otro miembro de la pareja. Thargvril fue feliz porque al ser ambos sólo uno, sintió que sus atenciones y ternura colmaron de dicha a la terrena. Una dicha de la que estaba tan necesitada como él mismo. Fue sentimiento vestido de deseo.
      Ambos se amaron mutuamente por lo que eran. Compartieron sensaciones, recuerdos y sentimientos; en resumen: la vida. Sus esencias dialogaron en el mismo idioma. Y los cuerpos se entendieron también. Sus dos sistemas orgánicos se adaptaron mutuamente. El ciclo sexual del calamaro se aceleró, mientras que los anhelos de la hembra se ralentizaron para satisfacer a su amor alienígena. Y cuando el ardiente pubis femenino buscó diligente la recóndita glándula reproductora extraterrestre, Thargvril se rindió al abrazo de la piel caliente.
      La noche fue larga. Y el placer fue mucho y sublime.

 

17

      Con la perspectiva que concede el paso de los años, Melania supo que el guía pornográfico no le dijo toda la verdad. El emparejamiento interbiológico producía cierto tipo de secuelas. Una compenetración interespecies no puede olvidarse como una vulgar noche de ronda. Era algo mucho más profundo, era máximo delirio, era ternura en grado superlativo; era un placer que ningún hombre ya podría darle.
      A veces, después de tantos años, las sensaciones de Thargvril aún recorren su cuerpo y la hacen estremecer. Empiezan con un cosquilleo travieso en la base del cuello, como una tenue caricia, para cebarse después en sus entrañas. Su cintura, sus caderas y sus rizos de ébano, tantas veces públicos antaño, ya no tuvieron otro dueño. Ahora sabe que no vendió sus sentimientos por una sola noche, sino para toda la vida. Y, curiosamente, el amor le concedió la libertad y la dignidad que tanto ansiaba.
      Melania a veces camina por la orilla del mar artificial de Marte, disfrutando del agradable olor a húmedo y deja que las olas jueguen en sus pies, mojándolos  con gotas de agua y espuma como lechosas perlas blancas. Respira y siente la enormidad del cosmos, al retener una parte de la sensibilidad propia de los calamaro. Sabe que siempre arderá en un fuego que no se apaga, que nunca llegará el olvido, ni para ella ni para Thargvril. Y, francamente, lo prefiere así. De otra forma no sería amor verdadero. 

 

CLAUDIO  LANDETE  ANAYA, MATARÓ, BARCELONA, ESPAÑA.
Relato aparecido en Fantasmas cibernéticos, Libro Andrómeda número 1.
     
     

 

 

 

 

Esta página pertenece a la Asociación Cultural MUNDO IMAGINARIO. Libro Andrómeda es una colección de libros dedicados a la ciencia ficción que se escribe actuálmente en el panorama Esta página pertenece a la Asociación Cultural MUNDO IMAGINARIO. Libro Andrómeda es una colección de libros dedicados a la ciencia ficción que se escribe actuálmente en el panorama nacional. El primer número de la serie: FANTASMAS CIBERNÉTICOS apareció en el mercado en enero de 1999. Te mostramos nuestro trabajo y la forma que tienes de conseguir los ejemplares que te interesen. Contacta con nosotros para conseguir nuestros libros en libroandromeda@hispavista.com. Página diseñada y mantenida por Jordi Armengol. Los derechos de las portadas de Libro Andrómeda pertenecen a Jordi Armengol. Gracias por vuestra visita.