Tal dia como hoy

Relato Completo

Autor: Aster Navas Martínez.

Orígen: Portugalete, Vizcaya, España.

Publicado en: HISTORIA ALTERNATIVA, LIBRO ANDRÓMEDA nº.12

 

 

Tal dia como hoy

A una hora como aquella, tal día como aquél, Trajano firmaba los planos de la nueva necrópolis; Da Vinci mordía voluptuosamente una manzana; Christopher Reeve acariciaba el hocico del nervioso caballo que se disponía a montar; Beckham se lesionaba los abductores en un partido amistoso; una lanzadera alcanzaba la quinta luna de Egipsis; Blexis Filmon II, padre de nuestro emperador, sometía la galaxia Greka.

-En fin, no quiero aburrirles: a una hora como aquella, tal día como aquél, 23 de Febrero de 2739, una tormenta de kippel caía despiadamente sobre Barcelona y Florentino Barroso, se veía obligado a refugiarse en los soportales del Museo Arqueológico.

Para entonces T llevaba veinticinco años -casi desde que fue fabricado- trabajando como vigilante en la pinacoteca del Museo. Con el tiempo había dejado de custodiar los cuadros y desviaba, cada vez más con mayor desparpajo- la vista sobre los visitantes: resultaba mucho más interesante ver sus caras al contemplar aquellos retazos del pasado. En todos los lienzos había algo que el tiempo había vuelto inaudito: la nieve, un teléfono fijo, cabello, fruta...
Algunos -los tenía especialmente controlados- volvían una y otra vez a la misma sala e incluso se acomodaban en el diván para contemplar más detenidamente un lienzo.
T hubiera dado una de sus baterías de cristal de litio por conocer la identidad del tipo que cada tarde a las seis treinta y cinco durante la última semana se quedaba embelesado frente al óleo 157 de la sala monográfica del siglo XX. Sí; T hubiera dado cualquier cosa por conocer a Barroso, descifrar lo que escondían sus ojos pasmados; saber, en definitiva, qué había guiado sus pasos hasta aquel desolado espacio.


* * *

Barroso había tardado en decidirse. Siempre había preferido para sus vacaciones las agencias de viajes convencionales: algún destino exótico; tour y estancia.
Claro que en el año del Señor de 2739 era difícil encontrar un hueco medianamente virgen en la Tierra; las lanzaderas te colocaban en el otro extremo del globo en el tiempo que duraba un trayecto interurbano.
Claro, también estaba Sunion; todo un planeta pensado para el ocio y atendido por amables replicantes. Ya había estado allí en numerosas ocasiones; de hecho ¿qué terrícola no había pasado por Sunion? Los tour operadores ofrecían el paquete de aeroplataforma y hotel a un precio cada vez más ridículo. Sin embargo, aquella esfera resultaba tan artificial y era tan decepcionante tropezarte con el vecino del cuarto D en el área cinco- Flora polinesia¼
Hasta aquella aséptica camilla no le había conducido el capricho o la curiosidad. A Florentino Barroso le había llevado hasta allí un pintor del remoto siglo XX: Sorolla. Barroso -comenzaba a arrepentirse- nunca debió entrar en el Museo Arqueológico. Si no hubiera visto aquel cuadro nunca se hubiera embarcado en esta aventura.
Claro que el óleo -Tres velas- era una golosina. Ese jodido Sorolla te hacía escuchar el mar; notabas los pies húmedos y la cara cubierta de salitre.
El caso, resumiendo, es que Barroso, sintió el cabeceo de las barcas, el escandaloso blanco de las olas y decidió sus vacaciones.

Lo que acababa de contratar era, por lo menos, una experiencia más exclusiva. También es cierto que por lo que acababa de pagar podría haber salido varias veces al espacio o haberse pagado una Transición: un agujero negro controlado -no espacio, no tiempo-.
El androide que atendía a los clientes lo sacó de todas aquellas cavilaciones. El tono afectuoso del robot, una female sintética que respondía al nombre de B, le devolvió a la realidad:
-Como bien sabe, señor Barroso, usted acaba de comprar algo más que un vulgar viaje en el tiempo. No en vano, antes de acceder a su petición se le ha sometido -le agradecemos enormemente su paciencia a varios tests de personalidad y a numerosas entrevistas: buscamos turistas discretos que sepan pasar desapercibidos en el pasado a la carta que les ofrecemos. Usted, además, ha escogido, un destino que no ofrecemos en catálogo. No se ha conformado con la Final de la Champions League del 2004 o con las Olimpiadas de Barcelona del 92: introducirlo en un evento de esa magnitud hubiera resultado -lo hacemos varias veces todos los días- un juego de niños.

-Cómo -balbuceó Barroso- llegaré hasta allí.
-Antes de nada -respondió B- debe usted saber que el tiempo es tan frágil como el vidrio: un pequeño detalle, amigo mío, podría fracturar el precioso equilibrio entre el presente y el pretérito.
-A una hora como ésta, tal día como hoy -dijo B mirando detenidamente la pantalla del ordenador- Marco Aurelio, viejo y cansado, regresaba de Britannia; Michelangelo Buonarotti sufría un esguince de tobillo; Pizarro besaba apasionadamente a una indígena, de nombre Tahauahiri; nacía Berbata, una estela nova de magnitud espectral catorce; Blexis Filmon III, bisabuelo de nuestro emperador, enviaba a su ejército a tomar la Galaxia Régula.
»En fin, no quiero aburrirle: a una hora como ésta, tal día como hoy, 14 de Abril, acaba de zarpar de Southampton el crucero de lujo que hemos reservado para usted, señor Barroso.
»Me explico -añadió el androide al ver la perplejidad de su cliente- . Leopold Eackley, el hombre del siglo XX a quien usted -digámoslo así- va a suplantar está a punto de emprender un viaje a su futuro. Dentro de unas horas, en el preciso instante en que usted acronice y empiece a disfrutar de sus merecidas vacaciones, Eackley vagará con ojos atónitos por las calles de nuestra ciudad.
»Transmigratio corpore, el -aclaró el robot- el ingenioso sistema Dressler para viajar en el tiempo de una forma sostenible: el bueno de Eackley le hará un hueco en su época y usted le cederá por unos días su puesto en la nuestra. Usted disfrutará de su crucero por el Atlántico y él de su caja de biorritmos.
-Lo más innovador -dijo B, como quien está a punto de desvelar una sorpresa- es la forma: se acabaron aquellas obsoletas cronocápsulas. La tecnología ha comprendido, por fin, que no necesitamos transportar el cuerpo.
-En estos instantes -dijo B, comprobando su cronógrafo- Leopold Eackley dormita sobre una tumbona en una discreta zona de cubierta. No imagina que el inofensivo mozo que reparte las toallas acaba de colocarle, como hemos hecho con usted, un escáner REVO que está copiando su código neuronal. El intercambio, señor Barroso, a través del TIMER es tan sólo cuestión de cinco, cuatro, tres, dos, uno¼
-Bienvenido señor Eackley; no se alarme.
Barroso abrió los ojos. Le sorprendió el guiño del joven que limpiaba la piscina. Se incorporó y notó el ligerísimo cabeceo del buque, elegante, rítmico. Desde estribor el mar le pareció un ser vivo y voluble: lástima que allá, en el 2739 sólo quedaran de él sus cuencas abisales vacías y varios parques temáticos que -visto lo que ahora tenía ante los ojos- no eran más que malas copias.

B dio el intercambio por finalizado.
-Bien, señor Eackley, creo que debo ponerle en antecedentes. A una hora como ésta, tal día como hoy Marco Aurelio sufre una fatal angina de pecho; por la sangre de Tahuahiri, una preciosa indígena de ojos rasgados, circula ya el virus de la gripe; desde el proel del Titanic, ese ostentoso barco que usted acaba de abandonar, acaban de avistar la irregular figura de lo que parece un iceberg.

 

Tal dia como hoy (Autor: Aster Navas Martínez, Portugalete, Vizcaya, España)

 

 

 

Esta página pertenece a la Asociación Cultural MUNDO IMAGINARIO. Libro Andrómeda es una colección de libros dedicados a la ciencia ficción que se escribe actuálmente en el panorama Esta página pertenece a la Asociación Cultural MUNDO IMAGINARIO. Libro Andrómeda es una colección de libros dedicados a la ciencia ficción que se escribe actuálmente en el panorama nacional. El primer número de la serie: FANTASMAS CIBERNÉTICOS apareció en el mercado en enero de 1999. Te mostramos nuestro trabajo y la forma que tienes de conseguir los ejemplares que te interesen. Contacta con nosotros para conseguir nuestros libros en libroandromeda@hispavista.com. Página diseñada y mantenida por Jordi Armengol. Los derechos de las portadas de Libro Andrómeda pertenecen a Jordi Armengol. Gracias por vuestra visita.