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MUNDOSEX
Estaba cansada de los ritos orgiásticos
de la Hermandad del Falo y no sabia muy
bien por qué...Todo este embrollo
comenzó en ese momento.
Páriñe es mi único
apoyo seguro. Desde que saqué a relucir
mis sentimientos me persiguen como a un
animal, quieren acabar conmigo porque pienso
diferente, pero creo que en el fondo debe
de haber algo más importante...Algo
que escapa a mi capacidad actual de entendimiento,
todo supone una pesadilla.
Ahora nos encontramos escondidos en una
cueva de las montañas próximas
a la ciudad de Clítoris, ¡qué
ridículo nombre para una urbe!. Siento
una desazón por dentro, todo me parece
vano, es como si mi mente se negara a aceptar
la realidad que me rodea, el lugar donde
nací...¿El lugar donde nací...?.
Huérfana de padre y madre, muertos
en un naufragio en el Mar de Semen, vagué
sin rumbo por el mundo hasta que me recogió
en su seno la Hermandad de Venus e hizo
de mí una mujer de provecho en el
sexo...
-¡Al menos eso fue lo que me dijeron!-concluí.
Páriñe me miró de hito
en hito.
-Te creo- me dijo.-Pero también los
creo a ellos...No me mires así, sé
que parece una contradicción. ¿Sabes
por qué hago esfuerzos denodados
por creerte, Launa?.
-Me lo has dicho mil y una vez, porque me
amas fuera de las Camas Redondas y no te
gusta que ningún otro hombre o mujer
me toque con deseo. Yo por tí sólo
siento amistad y agradecimiento- susurré,
arrepintiéndome tan sólo un
segundo después de haber traicionado
mi única vía de supervivencia.
Si Páriñe no me ayudaba estaba
perdida, pero al mismo tiempo cruzaba por
mi mente un oscuro velo de desconfianza.
El tan sólo era un Castrado, servía
vino y frutas en las Grandes Orgías
Ciudadanas y cantaba, con voz angelical,
bellas odas dedicadas al placer de la carne.
En ocasiones se dejaba que este tipo de
sirvientes participaran en las llamadas
Maratonesex, con el único objetivo
de mantener nuestras vaginas lubricadas
para la nueva hornada de hombres que aguardaban
en los Salones de Excitación, así
fue como lo conocí. Sólo era
un peón más del engranaje
social, igual que yo misma...
-¿Por qué me has ayudado Páriñe?,
sabes que no te creo- le dije mirándole
intensamente a sus oscuros ojos.
-Eres muy lista Launa- dijo turbado.- Tienes
razón, los dos estamos descontentos
con el sistema...¿Te parece bien?.
Te escuché hablarle a las mujeres;
aquello de la pareja monoparental, aquello
de que cuando ya no estaban bellas para
el sexo (siempre según los cánones
de la Hermandad del Falo) no debían
dejarse llevar a Ciudad Vejez, lo de luchar
contra la castración de los niños
conflictivos, aquella palabra tan rara...
-¿Revolución...?- interrogué.
-...Esa misma...No supiste explicar su significado,
ni ellas te entendían. ¡Yo
sí te entendí!- su voz sonaba
ahora cavernosa y varonil, como si un odio
asesino corriera por sus venas.- Debemos
levantarnos contra los que nos obligan a
llevar esta vida que no nos gusta e imponer
nuestros criterios...Sí, yo sí
te entendí- concluyó.
-¿Qué es lo que nos pasa Páriñe?-
le pregunté.- Es como si nosotros
no perteneciéramos a este mundo,
¿crees que habrá más
que piensen como nosotros...?-cientos de
preguntas embotaban mi mente.
-No lo sé, no lo sé...Es la
primera vez que pienso en ello con tanta
intensidad. ¿Sabes?: Yo también
soy huérfano, ¿crees que eso
tendrá alguna cosa que ver con todo
esto?. Me castraron a la edad de once años,
debía ser muy rebelde, no recuerdo
a mis padres...
-Yo tampoco- le dije con un deje de extraña
nostalgia.
-Demasiadas coincidencias- indicó
él.- Creo que hay mucha gente descontenta
como nosotros, lo pienso ahora...Gestos,
miradas, palabras... Pero nadie va más
allá de eso, sólo tú
y yo- dijo sentándose a mi lado en
el duro suelo de piedra.
-Sólo tú y yo contra todo
un imperio... Creo que estamos completamente
perdidos...-Una amarga lágrima cayó
por mi mejilla. Nos habían enseñado
a no llorar y el gesto me dolió muy
profundamente. Buscando un consuelo imposible
me abracé a él.
Páriñe había ganado
la batalla.
Con un gesto limpio y maquinal extrajo de
su cinto un largo y afilado cuchillo con
forma de Pene, me tiró de la cabeza
hacia atrás y me cortó la
yugular...Mis labios pugnaron por gritar,
pero estaban sellados por el dulce encanto
de la muerte y mientras mi aliento se apagaba
por un instante, ví la luz y recordé
de dónde venía...Launa dejó
de existir para dar paso a Marta...
*
* *
Rondando la segunda mitad del siglo XXII
los informáticos habían logrado
llevar a la práctica todas y cada
una de las fantasías de la, antaño
llamada, Realidad virtual.
Mundosex era el primer complejo turístico,
de carácter virtual, dedicado íntegramente
al sexo. Oficialmente se nutría de
cerebros de personas que acababan de morir
en algún accidente, pero con esa
práctica los técnicos tenían
muchos problemas al crear los personajes
Multisensoriales que, por daños irreversibles
en la corteza cerebral, no terminaban de
ser lo suficientemente creíbles para
el turista.
Casi automáticamente se recurrió
a una práctica ilegal: lo mejor era
instalar un cerebro completamente íntegro,
sin trauma post mortem, y la única
opción consistía en raptarlo
de su vida cotidiana...El negocio merecía
la pena, el cliente quedaba tan satisfecho
que repetía la experiencia, no sin
antes recomendarla a todos sus amigos y
conocidos.
Pero esta práctica tenía sus
riesgos, ¿qué podía
ocurrir si el secuestrado descubría
que estaba inmerso en un programa informático
contra su voluntad...?.
Launa había empezado a recordar demasiado
tarde...
-El antivirus, Páriñe, ha
realizado su trabajo- casi gritó
Alberto, el técnico.
-El antivirus ha realizado su trabajo- imitó
burlescamente Alex, el director de programación.-
Os he dicho una y mil vez que sólo
debemos instalar Cerebros de Incidencia
Plana, ¿a quién demonios se
le ha ocurrido la brillante idea de meter
ahí a esa revolucionaria?.
-Marta García Sonsoles, alias Launa.
En principio una ciudadana totalmente apta,
según nuestros cánones, para
ser reprogramada e instalada en el disco
duro de Mundosex. Casada, tres hijos, nada
de política, nivel cultural bajo,
su máxima inquietud resultaba ser
ciertos programas de Tridivisión
cuyos nombres todos conocemos...¡Una
auténtica ciudadana como las del
extinto siglo XX!.- dijo Alberto justificándose
mientras leía el informe de Marta
en la pantalla del monitor.- Sabes que cada
vez es más difícil encontrar
cerebros así y que todos los programas
informáticos cometen errores...Los
cargamos en estado de Amnesia y repentinamente
comienzan a recordar, nuestra única
arma consiste en detectarlos a tiempo y
destruirlos.
-El antivirus no ha sido muy efectivo que
digamos, le ha costado eliminar a esa tal
Marta. Imagina que esa mujer hubiera tenido
un mínimo de instinto de supervivencia,
podríamos estar hablando de una catástrofe...Incluso
de muertos entre nuestros clientes.- Alex
estaba encendido.
-Podría ser que algún día
ocurriera lo que tanto temes, si no abandonamos
la práctica de introducir cerebros
raptados...- advirtió Alberto.
-LLama a los de limpieza- ordenó
Alex.
Los de limpieza se encargaron, ciertamente,
de limpiar el entuerto. El cuerpo de Marta,
un despojo humano con el cerebro chamuscado,
fue abandonado bajo el puente de una autopista.
Su experiencia vital borrada de la memoria
caché de Mundosex. Su familia solo
encontró un cadáver abandonado
y los turistas continuaron visitando el
complejo turístico. La vida continuó
su curso natural...
José Vilches Palma; Cornellá
de Llobregat, Barcelona, España.
Relato publicado en Amores Extraños,
Libro Andrómeda número 5.
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