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HIKIKOMORI
La mujer no paraba de hablar, era presa del nerviosismo. Su marido callaba, cabizbajo, sometido por la situación que desde hacía dos años le superaba.
- Dejó el colegio, también a sus amigos de Tokio y se encerró en su habitación. Lleva dos años en ella.- la mujer, alterada al ver por primera vez en ese tiempo a un representante del gobierno japonés que venía a ayudarles, pronunciaba las palabras atropelladamente- No le hemos visto desde entonces. Pero sigue vivo, pues la comida que le dejamos en la puerta desaparece. Además de vez en cuando aparece un repartidor que le trae cajas. No sabemos que son pero sospechamos que las pide por internet.
- Sra. Hiroshi ¿Se ha comportado alguna vez de manera violenta?- preguntó el funcionario de servicios sociales.
La señora Hiroshi negó con la cabeza bajando su mirada con consternación hacia el regazo de su kimono.
- Es imposible abrir la puerta, la ha cerrado por dentro.- habló por fin el señor Hiroshi.
El funcionario cogió su teléfono móvil para llamar a la central de servicios sociales.
- Habla Ryu, estoy ante otro caso de hikikomori. Voy a proceder a entrar, solicito refuerzos para controlar al individuo.- el semblante de Ryu mostraba la conformidad de sus interlocutores.
Colgó la llamada y subió las escaleras hacia la habitación del joven Hiroshi. Los padres se quedaron en el sofá, asiéndose a sus esperanzas.
Ryu tenía la intención de derribar la puerta, pero para su sorpresa el pomo cedió al giro. Entró y la puerta se cerró tras él. Tuvo que acostumbrarse a la luz intensa que bañaba el paisaje. Ante sí se desplegaba en la lejanía un horizonte luminiscente, hasta el cual se desarrollaban, en continua mutación, formas virtuales que empobrecerían la mente más imaginativa.
Intentó volver a la puerta pero esta había desaparecido. Una forma casi humana se acercó. Mutaba alejándose de su origen carnal.
- ¡Ryu! ¿No me reconoces?- la criatura hablaba con la voz estrangulada por el dolor- Soy Masamura.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó Ryu horrorizado sin acabar de creer lo que tenía delante- te dimos por desaparecido hace tres meses.
- Todo empezó cuando entré en la habitación de un chico de Osaka, un caso de hikikomori...
Hikikomori .
Relato completo. Autor: Andrés M. Cardiel Martínez |
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