Esquizofrenia

Relato Completo

Autor: Javier Mayugo Fink.

Orígen: Calella de La Costa, Barcelona, España.

Publicado en: Revista Mundo Imaginario, n.9.

 

 

.I

Las hay más bonitas, pero esta es mía y es especial. Conozco todas sus líneas, sus defectos y sus cualidades, podría nombrarlos todos y no equivocarme en ninguno. Siempre está hermosa, como si el tiempo no pasara para ella. Cuando la veo ya presiento su calidez y me embarga una tranquilidad que no por familiar es menos placentera. Sí, cuando la veo me siento tranquilo, con la tranquilidad de un ser que ama a otro. Y sin embargo tengo miedo, un miedo atroz a que me la quiten o quieran que la comparta. Sé que no me puedo fiar de nadie. Quieren que en un momento dado conviva con otras gentes. Eso nunca, mi casa es sólo mía y en ella me siento a salvo. Yo la quiero y sé que ella me quiere a mí.

Siempre he vivido aquí con mi familia. Aquí he sentido dolor, he sentido placer y también felicidad. Horas interminables explorando sus rincones en juegos infantiles y, más tarde, con la curiosidad del adolescente. Ya entonces me juré que siempre viviría aquí, siempre rodeado de mis seres queridos, compartiendo la calidez y la seguridad del hogar. Y sin embargo, a mi familia no le importan mis sentimientos, sólo piensan en ellos. Hace ya tiempo que no nos hablamos, y no es que no les quiera. Pero como ellos no se preocupan por mí, yo no me preocupo demasiado por ellos. Desgraciadamente, mi hermanastro heredó, al igual que yo, la mitad de mi casa. Si yo tuviera dinero suficiente, compraría su parte y ya sería toda mía, solo mía. Pondría rejas en las ventanas. No es que sea un paranoico o un neurótico. Soy nervioso, eso sí, siempre he sido nervioso. Sin embargo, todos mis miedos han sido fundados. Cambiaría toda la instalación eléctrica, por el peligro de incendio. Y las rejas, sí, son muy importantes las rejas. Odio la idea de extraños penetrando en mi casa y tocando y rompiéndolo todo. Aquí puedo hacer lo que quiero, odio el exterior. Ahí fuera soy vulnerable, rodeado de tanta gente, me repugnan casi todos ellos. Sólo buscan aprovecharse de los demás en su propio beneficio. Ya no hay altruismo ni sinceridad, sólo seres repugnantes y babosos que te vigilan constantemente.

Me he visto obligado a prescindir de la gente. Incluso me he visto obligado a romper con mi novia. Era igual que todas las demás, sólo buscaba gobernar mi vida y cambiar mi casa... mi querida casa. Incluso llegó a decir que la vendiera. ¡Qué vendiera mi casa! Durante un tiempo creí poder encontrar alguna mujer que fuera distinta. Pero mirándolas a los ojos y metiéndome en su piel me di cuenta de que todas son iguales. Soy listo y no tengo intención de caer en la trampa. Sé que para ellas soy una pieza preciada, pero no me dejaré cazar, no señor. Qué sufran quedándose solas. Yo seguiré solo, mejor solo que mal acompañado. Eso sí, con un poco de amabilidad y simpatía siempre le caes bien a alguna. El sexo es importante, es un buen sustitutivo del amor. Aunque yo no necesito sustitutivos, siento mucho amor por mí y sobre todo por mi casa.

Cuando llego, voy de habitación en habitación respirando el aroma del pasado. Entre estas paredes todavía viven mis seres queridos. ¡Y nadie, absolutamente nadie me quitará eso!

Debo ser constante y contar cada día el dinero que me falta para poder comprar la otra mitad, aunque me cueste toda la eternidad.

II

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS (CEMENTERIO MUNICIPAL)

Mi mujer y yo acudimos, como cada año, por estas fechas al cementerio. Sabemos que nuestros seres queridos no volverán ni, seguramente, serán más felices por ponerles flores o velas. Estamos firmemente convencidos de que es por nuestra propia tranquilidad y que a parte de llevarles siempre en nuestro corazón, necesitamos demostrarnos que somos capaces de hacer un pequeño sacrificio. Todo sería de lo más corriente, sino fuera porque... Pero antes de entrar en detalles debo decir que tengo 72 años y me considero valiente. Hemos tenido tres hermosos hijos en nuestro matrimonio, a los cuales hemos dado la mejor educación posible. Disfruto de una vasta experiencia y sin embargo, al igual que cada año, también siento intranquilidad y angustia cada vez que debo acercarme a su tumba. Luisa, mi mujer, y mis hijos prefieren no oír hablar del tema, es natural, ya que me quieren y me han acompañado en mi dolor en todo momento.

Todo empezó hace 44 años, cuando abandoné el hogar para casarme con Luisa. Mi hermanastro, a pesar de ser mayor, se quedó en casa con nuestros padres. Debido al espacio no había problema, la casa es grande y sus dos plantas eran más que suficiente para albergar a dos familias. Pasó el tiempo y nuestros padres murieron, dejando sólo a mi hermanastro, pues este nunca llegó a casarse.

En todos los años de vivencia en común jamás logré llegar al fondo de su corazón. Me sorprendía continuamente, ya fuera mostrándome su lado más frío o su cariño más incondicional. Frecuentemente tenía la sensación de estar en presencia de alguien que, encerrado en un laberinto, iba corriendo de un lado a otro sin encontrar la salida.

Parecía disfrutar sintiendo dolor y miedo, como si fueran su razón de ser. Por mucho que riera, sus ojos no reían jamás.

Las desavenencias empezaron al quedar mi hermanastro solo en la casa. Lo más natural era que una de las dos viviendas se alquilara para sacar un rendimiento y así permitirnos ir más desahogados. Cuando se lo comenté insistió en querer vivir solo, incluso me propuso comprarme mi mitad si hacía falta. Le dije que no me parecía mal, mientras que, hasta que llegara el momento, se alquilara una planta. La discusión se tornó en pelea, y ni siquiera cuando me dijo que antes prefería estar muerto me di cuenta de la realidad.
No volvimos a hablar del tema hasta que tres semanas después le llamé para comentarle que había encontrado unos interesados en alquilar una de las dos plantas, que al día siguiente acudiríamos a ver la vivienda y que decidiera en cuál de las dos se iba a quedar. Me colgó sin dirigirme la palabra.

Cuando acudí con los posibles inquilinos encontré la puerta atrancada, toqué repetidamente el timbre sin obtener respuesta. No estaba dispuesto a perder la oportunidad y disimulando les dije que debía llamar a los bomberos ya que seguramente la cerradura debía estar estropeada. Estaba en mi perfecto derecho y cuando acudieron les dije que hicieran el favor de entrar por alguna ventana o por la puerta, destrozándola si hiciera falta.

Fue necesario abrir una ventana de la planta superior por la fuerza para que penetrase un integrante de la brigada.

Mientras esperábamos a que abrieran la puerta me fijé en lo meticulosamente que estaba arreglado el jardín. Ninguna brizna de hierba sobresalía más que las demás, las flores estaban ordenadas por tamaños y colores y lo más seguro es que también por especies, los árboles estaban podados milimétricamente y en el suelo no había una sola hoja seca. Observé una belleza casi obsesiva y empecé a sentirme intranquilo. Cuando por fin se abrió la puerta... Nunca olvidaré la cara de aquel hombre. Me dijo que no entrara, que había que avisar a la policía. Le aparté de un empujón y entré corriendo. Recuerdo que pensé en la similitud con un río, la escalera ofrecía una corriente de platos, vasos y muebles rotos hasta la demencia; papeles quemados, restos y fragmentos de libros, revistas y fotografías, ropas desgarradas en mil pedazos y zapatos completamente destrozados.

Resbalando sobre aquella pesadilla subí corriendo y gritando el nombre de mi hermanastro. Caí una, dos o tres veces. Jamás sabré cuántas ni me importa, debí cortarme con los fragmentos que sembraban la escalera pues mis manos sangraban profusamente.

Le encontré completamente desnudo colgando de una soga, en su locura se había ahorcado de la baranda. Me abracé llorando y gritando a sus pies e intenté bajarle inútilmente hasta que vinieron a separarme de él.

Recuerdo que tuvieron que sedarme para tranquilizarme, también recuerdo vagamente que me vendaron las manos. Al día siguiente se presentó un agente de policía en nuestro domicilio, rogándonos que acudiéramos en presencia del juez para entregarnos un sobre cerrado en el que figuraba mi nombre y que habían encontrado atado a la mano derecha del cadáver. No esperé ninguna explicación escrita pues ya sabía la causa del suicidio y sin embargo y a pesar de las circunstancias no dejaron de sorprenderme sus palabras. El juez tomó el papel lo leyó y le comentó a Luisa que en unos días nos llamarían a declarar.

Desde entonces he intentado inútilmente vender la casa. Entregué las llaves a una inmobiliaria que me las devolvió al cabo de un tiempo sin demasiadas explicaciones. Coloqué un letrero en la verja y entregaba las llaves para que acudiese a verla quien quisiera. Una vez me las devolvieron insultándome incluso. No me hizo falta pensar demasiado para averiguar la causa, sólo debo pensar en su último mensaje: "Reuniré el dinero", para saber que su alma vaga por la casa a la espera de reunir el dinero necesario y que entonces... entonces se presentará para comprar mi mitad.

 

Esquizofrenia. Autor: Javier Mayugo Fink, Calella de La Costa, Barcelona, España.

 

 

 

Esta página pertenece a la Asociación Cultural MUNDO IMAGINARIO. Libro Andrómeda es una colección de libros dedicados a la ciencia ficción que se escribe actuálmente en el panorama Esta página pertenece a la Asociación Cultural MUNDO IMAGINARIO. Libro Andrómeda es una colección de libros dedicados a la ciencia ficción que se escribe actuálmente en el panorama nacional. El primer número de la serie: FANTASMAS CIBERNÉTICOS apareció en el mercado en enero de 1999. Te mostramos nuestro trabajo y la forma que tienes de conseguir los ejemplares que te interesen. Contacta con nosotros para conseguir nuestros libros en libroandromeda@hispavista.com. Página diseñada y mantenida por Jordi Armengol. Los derechos de las portadas de Libro Andrómeda pertenecen a Jordi Armengol. Gracias por vuestra visita.